Pulso Agrario · 5 min read
El Sorgo: El Camello de los Granos que Conquista los Suelos Más Bravos de Argentina
El Sorgo: El Camello de los Granos que Conquista los Suelos Más Bravos de Argentina
Hay un grano que no aparece en los grandes titulares, que rara vez copa la portada del diario del campo, y que sin embargo todos los años sostiene millones de hectáreas en zonas donde el maíz directamente se niega a crecer. Ese grano es el sorgo. Si la soja es la estrella mediática del agro argentino y el maíz es el gigante que llena los buques del Paraná, el sorgo es ese trabajador silencioso que llega cuando nadie más puede hacerlo. En el campo lo llaman, con todo el respeto del mundo, "el camello de los granos": aguanta la sed como ninguno, se planta en lotes donde otros cultivos directamente levantan bandera blanca.
¿Por qué el sorgo aguanta tanto? La respuesta está en su biología. El sorgo tiene la capacidad de entrar en una especie de letargo cuando falta agua. A diferencia del maíz, que si se seca en el momento de la floración dice "hasta acá llegué" y el choclo sale raquítico o directamente no sale, el sorgo para su crecimiento, espera, y cuando vuelve la lluvia retoma como si nada. Es como aquel vecino del campo que sabe cuándo ahorrar energía y cuándo largar. Esta característica se llama tolerancia a la sequía y convierte al sorgo en el cultivo estrella del norte de Córdoba, el oeste de Buenos Aires, La Pampa, el sur de Chaco y buena parte de Santiago del Estero, todas zonas donde las lluvias son irregulares, los suelos son más ligeros y la tranquera a un mercado de exportación queda lejos.
Ahora bien, cuando uno habla de "sorgo" en Argentina, en realidad está hablando de varios sorgos que no son lo mismo. El más conocido es el sorgo granífero, ese que termina en semillas que parecen bolitas rojizas o amarillentas y que se cosecha igual que el trigo o la soja, con una cosechadora pasando por el lote. Ese grano va a feedlots, a la industria avícola y porcina, y a las destilerías. Pero también existe el sorgo forrajero, que se usa para hacer silaje, es decir, forraje fermentado que come el ganado en invierno cuando el pasto escasea. Y hay un tercer jugador que últimamente está creciendo fuerte: el sorgo negro o BMR, una variedad con menor contenido de lignina que lo hace más digestible para los animales y que está revolucionando la ganadería intensiva de las zonas semiáridas. Tres sorgos, tres usos, tres negocios distintos.
La siembra del sorgo granífero ocurre entre octubre y diciembre en la mayoría de las zonas productoras, aunque en el norte del país —donde el invierno es más suave— se puede estirar un poco más. Esta flexibilidad es otra de sus virtudes: el sorgo tolera bien las siembras tardías, esas que en el ambiente llaman "de segunda fecha", cuando ya pasó la ventana ideal del maíz y el productor necesita poner algo en ese lote que quedó libre. La cosecha llega entre marzo y mayo, dependiendo de la región. Un dato que sorprende a quienes no conocen el campo: el sorgo se cosecha cuando el grano tiene entre un 14% y un 18% de humedad, y muchas veces hay que secarlo antes de venderlo o almacenarlo, igual que el maíz. Si lo metés húmedo en el silo o en la bolsa plástica, se pudre. El acopiador te lo recibe, sí, pero te descuenta por humedad y por merma, y ahí el negocio se complica.
¿Adónde va el sorgo una vez que sale del campo? Acá está la parte interesante. Argentina es uno de los principales exportadores mundiales de sorgo, compitiendo mano a mano con Estados Unidos y Australia. El principal destino histórico fue siempre China, que lo usa para producir baijiu, un licor de grano que es la bebida espirituosa más consumida en el mundo —sí, más que el vodka y el whisky juntos—. Eso significa que cada vez que un chino brinda en una fiesta de casamiento, hay chances de que en ese vaso haya algo de sorgo sembrado en un campo cordobés o santiagueño. El comercio exterior del sorgo pasa por el Gran Rosario, igual que la soja y el maíz, y las terminales portuarias lo exportan como grano sin procesar, porque China prefiere molerlo ella misma.
En el mercado local, el precio del sorgo suele cotizar con un descuento respecto al maíz, rondando el 85% al 90% del valor del maíz en la plaza de Rosario. Ese diferencial existe porque el sorgo tiene menos energía metabolizable que el maíz para los monogástricos —cerdos y pollos—, aunque para los rumiantes como las vacas la diferencia es menor. Cuando el precio del maíz sube mucho, los feedlots miran al sorgo con buenos ojos y la demanda interna se activa. Es un cultivo que vive en la sombra del maíz pero que sabe cuándo aprovechar su momento.
Dato curioso: El sorgo llegó a Argentina desde África a través de Europa, pero fue la industrialización ganadera de los años 60 y 70 la que disparó su expansión en el país. Antes de eso, era casi un cultivo marginal. Hoy, en años de sequía brava como los que vivimos en 2022 y 2023, el sorgo granífero fue literalmente el salvavidas de miles de productores del norte bonaerense y el sur cordobés que hubieran perdido todo con maíz o soja.
Pregunta de repaso
Si un productor de la zona semiárida de La Pampa tiene que elegir entre maíz y sorgo para un lote con suelo arenoso y lluvias de 500 mm anuales, ¿cuál debería elegir y por qué? ¿Qué pasa con el precio de venta de ese grano respecto al maíz y cómo afecta eso su decisión final?
Enjoyed this?
Subscribe to Pulso Agrario and never miss an issue.